El espejo de oro
Cuando
llegaron los primeros colonos españoles a América, dicen las crónicas de lo
conquistadores que los aborígenes locales cambiaban en trueque su oro por
espejitos que traían los europeos entre sus pertenencias. Fuera de la brutal
desigualdad en el valor de ambos bienes en intercambio, creo que los indios (en
especial las mujeres con su coquetería natural), pudieron justipreciar la nueva
prestación que esta lámina reflectora les ofrecía. ¿Cuánto pagarías hoy por un
espejo si de repente se convirtiera en un bien escaso? Yo no dudaría un
instante en juntar lo poco de metales valiosos que guardo en mi alhajero si eso
demandara el vendedor.
Contar
con el aval crítico de un espejo imparcial es esencial en la vida de cualquier
mujer. ¿Estamos al tanto de cuántas veces al día recurrimos a su consejo? Hoy
me puse a contarlo y fueron veinte las veces que lo consulté. Me animo a
afirmar que todas ustedes andarán por el mismo promedio. Hagan el ejercicio en
un día de sus vidas normal y saquen la cuenta: a él acudimos cuando nos
levantamos, al lavarnos los dientes, al ponernos el protector solar (si, yo al
menos me pasé del bando de las por siempre bronceadas a las que salen a la
calle con protector 50 en invierno, pero a mi piel y a mi nos está yendo
mejor), al maquillarnos, peinarnos… al probarnos lo que vamos a poner, al salir
y entrar del baño, para comprobar nuestro alineamiento de vez en cuando, etc.
La mayoría de las veces, el espejo funciona como catalizador para hacernos
mostrar a la sociedad lo mejor de nosotros y no andar haciendo papelones por la
ciudad.
Sin
embargo, hay épocas en que el vertiginoso ritmo de la rutina hace que olvidemos
de sus servicios y pasemos varias horas (y aún varios días) sin su socorro, y
basta un descuido para que acontezcan sucesos catastróficos como los que les
voy a relatar:
-“El verde”:
En
la alimentación nuestra de cada día hay partículas y restos de alimentos que se
depositan fácil, cómoda pero decididamente entre las cavidades dentales, por
eso una higiene bucal constante es un “must” que respetar a rajatabla. No
obstante, aunque una pueda hacer un chequeo exhaustivo de su dentadura, la vida
sorprende y en la historia personal de cualquiera es raro que falte la vez en
la que descubrís que nunca van a llamarte de ese trabajo nuevo para el que te
entrevistaron, porque se te atoró media tostada entre los dos frontales
superiores. O peor aún, cuando te levantás al baño en la cena por los diez años
de egresadas de tu curso y entendés porque reían desaforadas las ex tres ñoñas
inseparables del curso, cuando te ves una plantación mutante de brócoli en el
colmillo inferior derecho. ¿Por qué nadie nos avisó?
Es
un poco incómodo tener que interrumpir la conversación con alguien, aún cuando
hay confianza de por medio, para decirle: “disculpame,
tenés medio plato de pasta depositado entre la muela y un premolar” o “me saluda planta de lechuga criolla desde tu
maxilar, que aunque te convine con los aritos, no sé si le está gustando al
tipo que acabo de presentarte”. De cualquier modo, debemos por solidaridad
vencer nuestra vergüenza, la propia y la ajena, y salvar a la víctima del
ridículo absoluto y prolongado. Lo ideal es denunciar lo sucedido al oído. Si
la víctima está lejos, podemos
señalar la interferencia dental con una delicada teatralidad llevando nuestro
dedo índice al diente, para señalar, como quien no quiere la cosa, que tu amiga
tiene un bosque tropical en la boca; en estos casos debemos ser sutiles, pero
debés asegurarte que tu amiga también sea sutil, porque si no entiende la
indirecta, interrumpirá la conversación de las doce personas reunidas en la
mesa con un “¨¿Qué te pasa?” eufórico
para interpretar de una vez lo que hace diez minutos estás tratando de decirle
con señas, y todos los comensales, aún aquellos a los que la mini sabana africana
había pasado desapercibida, se habrán percatado de su desgracia. Si esto
sucede, es probable que tu amiga no vuelva a hablarte; pero tampoco lo hará si
la cena transcurre con normalidad y vos no te arrimaste a comentarle del brote de soja que tiene en uno de los
dientes, que aparte de modificarle el sonido de las consonantes, le da un
extraño look de granjera del lejano oeste yanqui.
Aprendamos
a valorar el heroísmo y fidelidad de las personas capaces de salvarnos de lo a
veces grotesco de la vida. Y si no confías en nadie o no tenés nadie a mano en
quien confiar, el espejo nunca te abandona (menos cuando llevás uno en la
cartera).
- “Los
vellos despiertos”:
La
actividad hormonal de la mujer es un misterio y un milagro. Ese torrente energético
que pasea por nuestro cuerpo y nos da vida, tiene una arquitectura funcional
muy sofisticada, pero no por eso ordenada ni actualizada a lo tiempos modernos.
En
la magia de nuestro cuerpo, también hay algunos inconvenientes molestos. Por
ejemplo, un desarreglo hormonal puede causarnos, además de severos problemas de
salud que no viene el caso mencionar, una repentina erupción cutánea, un
volcánico incidente acneico y también un notable crecimiento más generoso de
vello en algunas áreas del cuerpo. La única solución recomendada para los casos
uno y dos es la cuarentena: en lo posible, desaparecer de la vida social hasta
que desaparezca todo rastro de grano o roncha o mancha. Con respecto al
crecimiento de la vellocidad, el espejo, una vez más, puede salvarnos.
Sin
embargo, para tener vellos repartidos por doquier en nuestra dermis, no es
necesario tener un conflicto hormonal. El pelo corporal que protegió e hizo
sobrevivir en crudos inviernos a los antepasados del hombre, sigue asomándose
por error en los cuerpos de señoras y señoritas del Siglo XXI, decorando axilas
y piernas que ya no necesitan del abrigo que a los homo sapiens brindaba. En
algún sentido, me animo a decir que el cuerpo humano a quedado desactualizado
en su evolución física con respecto a la evolución tecnológica lograda por el
hombre en cuanto a las herramientas e inventos por él creados: desde el
descubrimiento del fuego a las últimas vanguardias en tecnología contra el frío
(como la calefacción, la loza radiante, la indumentaria térmica, etc.).
Ya
los vellos corporales no encuentran razón de ser, pero siguen allí, firmes y
perennes complicando las vidas de señoritas. Algunas, las más tradicionales y
disciplinadas, cada veinte días
recurren a la cera, arrancando a cada pelo enemigo de raíz, sabiendo que
en menos de tres semanas estarán librando una nueva pero reiterada batalla. Las
más prácticas y ocupadas usan la maquinita de afeitar o “track”, a riesgo de parecer un puercoespín el día después,
limitando su uso a lo corporal únicamente, ya que el uso de la rasuradora en el
vello facial puede convertirte inmediatamente en la nueva candidata a cubrir el
puesto de mujer barbuda en el circo más cercano. Las más visionarias, apuestan
a nuevas invenciones como ungüentos mágicos, tratamientos láser con la promesa
de depilación definitiva y ruidosas máquinas de afeitar eléctricas que
despiertan en una un insospechado don en el arte de los insultos.
Para
el cuerpo hay muchas soluciones que nos sacan de paso, algunas de precios
inalcanzables y otras más económicas, algunas más y otras menos dolorosas. No
obstante, los vellos del rostro son de por sí una cuestión más delicada. Aunque
el look Frida Kahlo a algunas les parezca pintoresco, lucir un frondoso jopo
arriba de la boca y una larga jungla arriba de los ojos, no tiene nada de sexy.
Para estos cuidados, nada mejor que dos viejos aliados: el espejo y la pincita.
Con su sociedad, nos sacamos el pelo del bigote, damos forma a nuestras cejas y
extraemos el curioso pelo negro y duro que nos crece desde un lunar. Sin el
espejo, no percibiríamos la presencia de la pelusa indiscreta en el rostro, ni
la pincita podría cumplir con su trabajo. ¡Estemos atentas a la imagen que nos
devuelve nuestro espejo! No esperes hasta encontrarte en la foto de una amiga
pareciéndote a Hitler. ¡Liberate de tu bigote y de la uniceja y sentite más
evolucionada! ¡Pinzas y espejos para todas!
-
El “(Mal)quillaje”
Otro
problema surge con el maquillaje. Mas que mostrar lo mejor de nosotras, hay
incidentes protagonizados con el maquillaje mucho mas perjudiciales que mostrar
la cara lavada de recién levantada. A esos incidentes yo suelo llamarle
“malquillaje”.
El
más común y vulgar de todos: el rimel y/o delineador corrido. La transpiración,
la lluvia o el roce inintencional con alguna prenda pueden convertir un make up
de ojos decente en la peor careta de terror. Hay tres estilos que surgen a partir de la expansión
descontrolada de la pintura: si el rimel se corre hacia el párpado inferior y
la caída es notable pero ordenada, tengas puesto lo que tengás, parecerás una
prostituta, look nada conveniente
para ir a hablar con la directora del colegio de tus hijos ni para ir a cenar por
primera vez a lo de la abuelita de tu novio. Si el desparramo es más intenso y
también incluye la movilización del delineador, parecerás una joven emo
fanática de Crepúsculo, Marilyn Manson y otras estrellas relativas a lo
vampiresco y a los zombies y otros fetiches del terror. Esta mutación es más
frecuente en invierno, cuando el blanco de la piel contrasta con el negro de lo
ojos y da un aspecto más lúgubre, inspirado en el recordado video clip
“Thriller” de Michael Jackson. Se recomienda intensamente evitar dicho look
para una entrevista de trabajo o para asistir a eventos como la primera Comunión
de un sobrino, para evitar que al cura se les ocurra exorcizarnos por
equivocación. La tercera variación es el estilo “loca de remate”, que no es ni
sexy ni darky, sino solamente
bochornoso, generalmente resultado de un chapuzón inesperado.
Otro
elemento que puede perjudicarnos es la base de maquillaje. Creo firmemente que
hay dos cosas que las mujeres deben pensar con responsabilidad y atención al
momento de elegirlas: primero, el marido, porque elegir un hombre equivocado
puede arruinarle la vida (después ampliaremos sobre este tema), y después, el
color de la base de maquillaje, porque un error en su elección puede
convertirnos en la novia de fantasmita Casper o en grotescas estatuas de cerámica
color terracota. Aunque si puede suceder que utilicemos un color de base para
el verano y otro más claro para el invierno, es vital que la mujer sepa que
tono de base es el adecuado para su cutis. Pocas cosas fueron tan difíciles
para mí en la vida como tener que decirle a una amiga en un casamiento de día a plena luz del sol que su cara parecía
una careta de Pedro Picapiedra, ya que alrededor de toda la zona de la boca
tenía un gigantesco charco naranja.
Los trescientos invitados al jolgorio la vieron antes que yo y nadie le
dijo nada.
En
el otro extremo, las que se clavan base de maquillaje más claro; durante mucho
tiempo esa fui yo. Con tal de evitar que mis interlocutores no vieran la
presencia de algún que otro grano que me visitaba en mis épocas adolescentes,
embardunaba mi rostro en correctores para hacer desaparecer cualquier
imperfección. El resultado: en todas las fotos del 2000 al 2004 parezco
anémica, de descendencia china y con una cara de contextura papel maché. ¡Ni
que decir cuando tu rostro se expone en una noche a la luz ultravioleta de un
boliche y estamos mal pintadas! El efecto puede ser piel animal print, donde pueden distinguirse el color real del rostro
con el del corrector de imperfecciones, o rostro crema chantilly, cuando nuestra cara parece decorada con una base
blanca como una torta de Choly
Berreteaga. Tomemos el tema de la base de maquillaje con seriedad y le
dediquemos el tiempo que requiere: para no parecer la hija del Hombre Manos de
Tijera ni la copia trucha de una Barbie Hawai.
El espejo del revés
A
pesar de todo, hasta el espejo falla en algunos momentos en su actividad, y lo
que nos conformó unos años puede espantarnos en la actualidad. Poco se ha
escrito sobre este asunto. El espejo pierde su exactitud con los años. No puedo
precisar si lo que cambió es el espejo o quien se mira en él, pero un día
cualquiera viendo algún registro añejo, una filmación, una fotografía o
simplemente un recuerdo, no podemos soportar como lucíamos años atrás. Así
surgen preguntas sin respuestas como: ¿Cómo me permití ese corte de pelo con el
flequillo rollinga de 1 cm? ¿Quién me dijo que el pelo rojo caoba, el negro
azulado y el marrón violeta estaban de onda? ¿Qué pensaba yo o mi madre cuando
me compre esos zapatochos ortopédicos que parecían tres números más que mi
pequeño 36 con los que fui al colegio al menos tres años? ¿Por qué nadie me
dijo que el palazo fucsia con su strapples
pupera de lentejuelas a tono de una amiga iban a quedarme bien con mi aspect
blanco teta en pleno julio? ¿Por qué nadie le dijo a mi amiga que ese
conjuntito de paquita turquesa no iba, así no me lo prestaba cada vez que se lo
pedía? ¿Por qué nadie de los treinta familiares que hay en la foto me dijo que
mis cachetes de tan blancos y gordos refractaban toda la luz del flash?
Ninguna
ciencia es eterna, y el espejo tampoco. Así también, depende el día, muchas de
nosotras nos vemos objetivamente espléndidas y al otro día sólo vemos los
defectos o si no hay, nos lo imaginamos. Cuántas se ven gordas cuando no lo
están, cuantas se miran al espejo sin encontrarse… Todo en su justa medida, el
espejo debe ser siempre un aliado: ni un dictador intransigente, que mida,
juzgue, ordene y nos obsesiones, ni un falso consejero, que todo nos apruebe y
al que ya no escuchemos.
El
espejo puede ser el mejor amigo de la mujer siempre que ayude a mostrar
exteriormente lo perfecto de nuestra esencia, es decir, nuestro propio ser,
nuestra propia originalidad, aceptando lo que somos y no nos gusta sin miedos,
ni traumas, y festejando lo que adoramos de nosotras, sin orgullo ni
ostentación, sino con sincera alegría.
El
espejo no tiene costo, no se queja, no se gastas, podés usarlo la cantidad de
veces que quieras y atiende las 24 hs. La única contraindicación es
obsesionarnos como Narciso con la imagen que su reflejo nos devuelve, y morir
ahogados en esa preocupación. Si sabemos darle el lugar que debe ocupar,
aconsejo que todas tengan un espejo a mano para evitar papelones y potenciar
oportunidades.

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