lunes, 20 de julio de 2015

Eventos, encuentros y desencuentros (Entrega II de III)

Feliz cumpleaños a ti
El rito del festejo de cumplir años se centra en agradecer la vida, ese año más que transcurrimos por estas latitudes, lo que no es poco, ya que nadie sabe con precisión cuanto tiempo andaremos por aquí, por lo que hay que celebrar cada ciclo que nos dan de prestado. Sin embargo, en los últimos tiempos, la celebración del natalicio se ha convertido en una desafiante prueba de supervivencia  para el que debería ser el agasajado. No obstante, esta tendencia, tiene claramente sus peculiaridades: este síntoma, afecta con exclusividad al género femenino, ya que el hombre, tiene otra manera de conmemorar dicha celebración.

-       El cumpleañero

Salvo preocupantes excepciones, el hombre recibe su cumpleaños, su boda o cualquier otro evento que lo tenga como protagonista, con la misma naturalidad y expectativa con la que se toma un vaso de cerveza en el patio de su casa la noche más calurosa del año, sin ningún preparativo o formalidad,  disfrutando hasta el último sorbo de sabor y frescura, sin conocer apuro o culpa por tanto gozo.

El hombre se levanta el día de su cumpleaños con la chochera de festejar la vida, y enfrentará la jornada con la misma paz que todos los días del año, sólo que un poco más feliz. Se vestirá con lo que encuentre que esté lavado, irá a trabajar, practicará su deporte favorito, irá a la cancha si le toca, y charlará con toda persona que lo llame para festejar su dicha, sin mostrar preocupación o prisa alguna . Lo llamará su madre, el resto de su familia y algún amigo muy cercano, porque con seguridad la gran mayoría de sus amigos no lo llamará (a lo sumo le dejarán un mensaje en Facebook), le caerán por la noche a su casa con la decisión de una plaga, dando por sentado que hay fiesta, no le harán ninguno regalo y, como si fuera poco, lo pondrán como punto de todas las bromas del encuentro, y a medida que transcurra la noche y el alcohol, le pegarán y/o realizarán algún tipo de tortura que cause la risa en todos los presentes. Así tienden a relacionarse los ejemplares de este sexo en el natalicio de un par.

Si hay en su vida alguna novia o mujer interesada, esta vivirá el cumpleaños de la pareja como una oportunidad para delimitar territorio con cualquier otra hembra, tal como mean los perros las zonas que le pertenecen, por lo que aprovechará para desbordar sus enérgicas manifestaciones de cariño, y le anticipará por horas el deseo de cumpleaños vía telefónica, le enviará un mensaje de texto minutos antes de la medianoche, si no es que ya está con él. Lo llamará en el desayuno, le escribirá un mensaje en Facebook que haga notar sin duda alguna el vínculo que la une con el cumpleañero, entre otros acosos que culminarán con llevarle la torta, el regalo y por poco cargarle la sombra al asfixiado ser.


Si el protagonista cuenta con ayuda femenina, en este plan de delimitar derechos, ella (o también la incurable madre del protagonista) se inmolará  para, como si fuera un niño, prepararle el menú, comprarle y enfriarle las bebidas, ponerle el mantel, ordenarle los vasos, acomodarle los platos, distribuir los cubiertos, preparar la torta (con vela incluida), comprar el hielo, dejar la casa limpia y hasta bañarle el perro, para que él pueda gozar de su día feliz. Si no cuenta con ella, sus amigos sabrán suplantar esta falta trayendo cada uno una bebida solidaria, le encajarán a algún viajante en camino la compra  del hielo, y cuando se acuerden que no hay nadie para cocinarles, pedirán comida. Y el cumpleañero será igual de feliz las cosas pasen de una u otra manera.

-       La cumpleañera
La mujer se muestra un tanto más compleja a la hora de conmemorar el aniversario de su nacimiento. De hecho, el cumpleaños de una mujer comienza aproximadamente dos meses antes que la fecha aniversario de su nacimiento, cuando comienza a evaluar en que estado llega a ese día  tan importante. Si está gorda, comienza la dieta; si está brotada de granos, se unta en cremas secativas; si su pelo parece el flequillo de un león, va a la peluquería; si no sabe que ponerse para el evento, comienza a probarse las opciones que le ofrece su placard o va mirando más atenta las vidrieras para ver si encuentra esa pieza perfecta. Se pregunta si va a festejar o no; si lo hará… ¿será el mismo día del cumpleaños o el fin de semana más próximo, o el anterior? ¿Conviene convocar a almorzar o cenar? ¿Dónde? ¿Y si llueve? ¿A comer? ¿Qué? … Y así se suceden las preguntas hasta que los días pasan siempre con mayor agilidad que lo común, y su cumpleaños las encuentra con la mitad de las tareas pendientes.

Un tema no menor son los invitados. Compartimos una serie de pensamientos robados a una cumpleañera precoz (faltando treinta y dos días para su cumpleaños) mientras espera el verde del semáforo: “la familia que se convoca sin aviso mis amigas que son doce mas las parejas, que típico me cagan la mesa del living para jugar al truco van a estar Sole y la Mili que no se pueden ni ver los amigos de mi novio con quien vendrá Pedro esta vez ojalá no sea con la pendeja diosa que vino la otra vez de 1.50 m de piernas que encima se comió todo no sé que habrá de comer está vez todavía no pensé que me puede poner ¿a los del trabajo no los invito? pero no sé si mezclarlos si ni se conocen además si invito a mi jefe voy a tener que estar sobándolo y típico que me pongo en pedo y la cago mejor festejo en el trabajo primero y a la noche en casa y la abuela me va a caer a las 8 de la noche me va encontrar saliendo del baño con quien la enchufo si mi mamá esta de viaje justo me llevó el vestido negro que me quería poner pero con negro  y esta blancura voy a dar lástima”. Verde. Y los pensamientos siguen un curso limitado, hasta el próximo semáforo rojo, donde los planes y delirios pueden expandirse con chochera.


Muchas ya optan por la opción “Alicia en el País de las Maravillas”, festejándose todos los días el feliz “no cumpleaños” como lo propiciaba el sombrerero loco, una opción mucho mas coherente que la de celebrar el natalicio original, que aparte de ser una sola vez cada trescientos sesenta y cinco días, una queda destruida después de tanta corrida, tantos gastos y tanto estar pendiente de todo menos de una misma.

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