Feliz
cumpleaños a ti
El rito del festejo de cumplir
años se centra en agradecer la vida, ese año más que transcurrimos por estas
latitudes, lo que no es poco, ya que nadie sabe con precisión cuanto tiempo
andaremos por aquí, por lo que hay que celebrar cada ciclo que nos dan de
prestado. Sin embargo, en los últimos tiempos, la celebración del natalicio se
ha convertido en una desafiante prueba de supervivencia para el que debería ser el agasajado.
No obstante, esta tendencia, tiene claramente sus peculiaridades: este síntoma,
afecta con exclusividad al género femenino, ya que el hombre, tiene otra manera
de conmemorar dicha celebración.
- El
cumpleañero
Salvo preocupantes excepciones, el
hombre recibe su cumpleaños, su boda o cualquier otro evento que lo tenga como
protagonista, con la misma naturalidad y expectativa con la que se toma un vaso
de cerveza en el patio de su casa la noche más calurosa del año, sin ningún
preparativo o formalidad,
disfrutando hasta el último sorbo de sabor y frescura, sin conocer apuro
o culpa por tanto gozo.
El hombre se levanta el día de su
cumpleaños con la chochera de festejar la vida, y enfrentará la jornada con la
misma paz que todos los días del año, sólo que un poco más feliz. Se vestirá
con lo que encuentre que esté lavado, irá a trabajar, practicará su deporte
favorito, irá a la cancha si le toca, y charlará con toda persona que lo llame
para festejar su dicha, sin mostrar preocupación o prisa alguna . Lo llamará su
madre, el resto de su familia y algún amigo muy cercano, porque con seguridad
la gran mayoría de sus amigos no lo llamará (a lo sumo le dejarán un mensaje en
Facebook), le caerán por la noche a su casa con la decisión de una plaga, dando
por sentado que hay fiesta, no le harán ninguno regalo y, como si fuera poco, lo
pondrán como punto de todas las bromas del encuentro, y a medida que transcurra
la noche y el alcohol, le pegarán y/o realizarán algún tipo de tortura que
cause la risa en todos los presentes. Así tienden a relacionarse los ejemplares
de este sexo en el natalicio de un par.
Si hay en su vida alguna novia o
mujer interesada, esta vivirá el cumpleaños de la pareja como una oportunidad para
delimitar territorio con cualquier otra hembra, tal como mean los perros las
zonas que le pertenecen, por lo que aprovechará para desbordar sus enérgicas
manifestaciones de cariño, y le anticipará por horas el deseo de cumpleaños vía
telefónica, le enviará un mensaje de texto minutos antes de la medianoche, si
no es que ya está con él. Lo llamará en el desayuno, le escribirá un mensaje en
Facebook que haga notar sin duda alguna el vínculo que la une con el
cumpleañero, entre otros acosos que culminarán con llevarle la torta, el regalo
y por poco cargarle la sombra al asfixiado ser.
Si el protagonista cuenta con
ayuda femenina, en este plan de delimitar derechos, ella (o también la
incurable madre del protagonista) se inmolará para, como si fuera un niño, prepararle el menú, comprarle y
enfriarle las bebidas, ponerle el mantel, ordenarle los vasos, acomodarle los
platos, distribuir los cubiertos, preparar la torta (con vela incluida),
comprar el hielo, dejar la casa limpia y hasta bañarle el perro, para que él
pueda gozar de su día feliz. Si no cuenta con ella, sus amigos sabrán suplantar
esta falta trayendo cada uno una bebida solidaria, le encajarán a algún
viajante en camino la compra del
hielo, y cuando se acuerden que no hay nadie para cocinarles, pedirán comida. Y
el cumpleañero será igual de feliz las cosas pasen de una u otra manera.
- La
cumpleañera
La mujer se muestra un tanto más
compleja a la hora de conmemorar el aniversario de su nacimiento. De hecho, el
cumpleaños de una mujer comienza aproximadamente dos meses antes que la fecha aniversario
de su nacimiento, cuando comienza a evaluar en que estado llega a ese día tan importante. Si está gorda, comienza
la dieta; si está brotada de granos, se unta en cremas secativas; si su pelo
parece el flequillo de un león, va a la peluquería; si no sabe que ponerse para
el evento, comienza a probarse las opciones que le ofrece su placard o va
mirando más atenta las vidrieras para ver si encuentra esa pieza perfecta. Se
pregunta si va a festejar o no; si lo hará… ¿será el mismo día del cumpleaños o
el fin de semana más próximo, o el anterior? ¿Conviene convocar a almorzar o
cenar? ¿Dónde? ¿Y si llueve? ¿A comer? ¿Qué? … Y así se suceden las preguntas hasta
que los días pasan siempre con mayor agilidad que lo común, y su cumpleaños las
encuentra con la mitad de las tareas pendientes.
Un tema no menor son los
invitados. Compartimos una serie de pensamientos robados a una cumpleañera
precoz (faltando treinta y dos días para su cumpleaños) mientras espera el
verde del semáforo: “la familia que se convoca
sin aviso mis amigas que son doce mas las parejas, que típico me cagan la mesa
del living para jugar al truco van a estar Sole y la Mili que no se pueden ni ver
los amigos de mi novio con quien vendrá Pedro esta vez ojalá no sea con la
pendeja diosa que vino la otra vez de 1.50 m de piernas que encima se comió todo
no sé que habrá de comer está vez todavía no pensé que me puede poner ¿a los
del trabajo no los invito? pero no sé si mezclarlos si ni se conocen además si
invito a mi jefe voy a tener que estar sobándolo y típico que me pongo en pedo
y la cago mejor festejo en el trabajo primero y a la noche en casa y la abuela
me va a caer a las 8 de la noche me va encontrar saliendo del baño con quien la
enchufo si mi mamá esta de viaje justo me llevó el vestido negro que me quería
poner pero con negro y esta
blancura voy a dar lástima”. Verde. Y los pensamientos siguen un curso
limitado, hasta el próximo semáforo rojo, donde los planes y delirios pueden
expandirse con chochera.
Muchas ya optan por la opción “Alicia
en el País de las Maravillas”, festejándose todos los días el feliz “no
cumpleaños” como lo propiciaba el sombrerero loco, una opción mucho mas
coherente que la de celebrar el natalicio original, que aparte de ser una sola
vez cada trescientos sesenta y cinco días, una queda destruida después de tanta
corrida, tantos gastos y tanto estar pendiente de todo menos de una misma.


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