En este amplio y generoso mundo, hay hombres para todos los
gustos, colores, tamaños, mambos, necesidades, complejos y exigencias.
Aquí se intenta hacer un recorrido por alguno de las tantas
y pintorescas variedades de este tan ecléctico mundo masculino, que nos roba
sonrisas, carcajadas, lágrimas y suspiros, depende la ocasión.
1. El mejor amigo
Hay dos variedades para este género de hombre: el mejor
amigo no deseado y el mejor amigo híper deseado.
El mejor amigo no deseado:
Hay muchos tipos que nacieron con el porte para mejor amigo y morirán con ese
karma. Son divinos, le caen bien a tu papá, nos hacen favores ridículos,
siempre están dispuestos a rescatarnos, y racionalmente son el mejor partido
que pudiéramos conseguir, pero por más de que lo intentemos y le demos vueltas
al asunto, nunca nos van a gustar.
A ellos llamamos cuando estamos aburridas y con ganas de
levantarnos el ego, cuando te dejaron plantada, cuando no tenés otro programa,
y aunque sospeches que su intención excede la de la amistad, porque de vez en
cuando lo insinúan, vos te hacés la que no entendés nada, y todo sigue como si
nada. Para tu casamiento, justo se les pincha la goma del auto y no pueden
acompañarte en tu gran día, aunque en tu interior lo agradeces, porque ya te
había atacado el fantasma de que iba a hacer una escena, por primera vez en su
vida, aunque ya fuera tarde.
El mejor amigo híper deseado:
Desde que lo viste estás enamorada de él y juraste que si no era para vos, al
menos lo compartirías. Les encanta estar juntos y él te quiere a su manera,
pero con hora de vencimiento, porque a la noche siempre tiene una cita mejor. Lo llamás a las doce para su cumpleaños,
le hacés la torta y le llevás los pantalones a que les hagan el ruedo. Conocés
a toda su familia y los querés como propios, aunque hace ya años dejaron de
verte como una candidata, más bien te consideran una especie de secretaria
personal del galán .
Tenés mas que asumido que no te quiere para mujer, sin
embargo priorizás a él sobre todas las cosas, a pesar de los consejos de tus
amigas, que a gritos te piden le dés una patada en el culo al hombrecito
déspota. Por tu constancia y poco amor propio, llegás a ser una amenaza para
las novias que le van apareciendo, hasta que las muy hijas de puta te empiezan
a ver como a una inofensiva hermanita menor, que es cuando por dignidad te
replegás e intentás armarte una vida, o sobre todo conseguirte un novio, y
cuando estás empezando a lograrlo, seguro te llama contándote que todo con la
otra terminó. Y así pasan los años, y sin embargo vos seguís fantaseando con
que algún día, cuando esté casado y vos ya tengas nietas, te va a citar en una
café para decirte que vos siempre fuiste el amor de su vida, aunque haga quince
años que no te lo cruzas por la calle.
2. El eslabón perdido
Casi un homo sapiens, este ejemplar nos arrastra a todas por
su barbarie muy al estilo king kong, robándonos el aliento, la bombacha y hasta
en algunos casos el corazón. El hombre tipo eslabón perdido tiene olor a
hormona macho aunque se perfume de vez en cuando, siendo este el único exceso
estético que por su hombría se permite. Cuando ya le molesta el largo de su
pelo, irrumpe en cualquier peluquería que encuentra con la discreción de quien
va a hacer algo que avergüenza, y sin cruzar más palabra que “cortame”, se pone
en manos del peluquero sin importarle cual será el resultado final, porque el
objetivo es sólo higiénico. El uso de cualquier otro elemento o servicio con
finalidad estética, hasta mirarse en el espejo, lo siente como una traición a
su virilidad.
Su vestuario se simplifica en remeras, camisas, pantalones y
zapatillas, con algún traje que usa prolija y protocolarmente en alguna ocasión
especial, y le queda tan bien que lamentamos no se lo ponga más seguido. Es
grandote por lo general, rudo, simple y directo. Su universo se divide entre el
trabajo, el fútbol, sus amigos y su novia/mujer/familia, siempre que no se
superpongan, claro, porque tiene una seria limitación a enfocarse en dos
asuntos al mismo tiempo, y no hay que pedirle mucho más que eso, porque todo el
resto de las cosas le parecen un decorado. Suele tener una pancita de tanto
festejo con amigos, pero eso lejos está de molestarle o inhibirlo; más bien
luce su guata como una orgullosa cicatriz de tantos vinos y asados compartidos.
Su ser básico lo mantiene en las zonas más bajas de la
pirámide de Maslow, por lo que para él los asuntos fundamentales de la vida se
centrarán en la buena comida, el buen sueño y el buen sexo, y mientras tenga
sus necesidad resueltas, será el hombre más feliz del universo. Su alimentación se reduce a carne, pan,
vino, cerveza, coca y fernet. Rústico como es, para el sexo tiene un talento
especial, con una opción preferencial por las prácticas tradicionales, como se
cogía antes y desde el comienzo del mundo: simple pero duro. Ante cualquier planteo
sentimental, el eslabón perdido pondrá cara de “qué le pasa ahora”, aunque
trate de disimularlo, porque no está ni psíquica ni psicológicamente capacitado
para las complejidades sentimentales del mundo femenino. Su deseo más profundo
es que no le rompan las pelotas y es bastante claro en comunicar su convicción.
Practica algún deporte con una seriedad de claustro, y su
humor pasa factura cuando por alguna razón no puede jugar. Su intelecto suele
anularse en parte los fines de semana y en algunas fechas de eventos
especiales, de acuerdo al calendario deportivo que ofrezca la televisión, por
lo que si tenemos algo importante que comunicarles o queremos gozar de su
compañía, es preferible no contar con ellos durante el transcurso de algún
partido o competencia, cualquiera sea la disciplina, porque el funcionamiento
de sus neuronas se bloquea frente a la presencia de una pelota. Su conocimiento
musical se simplifica a lo que se escucha en el boliche o a alguna banda de
rock nacional cuyas letras después se adaptan para los cánticos de cancha. Les
encanta hacer tareas manuales y mientras más pueda ensuciarse, engrasarse o embarrarse, más satisfecho se siente en
el cumplimiento de su deber. Pero toda la hombría que lo caracteriza se le desarma
cuando está enfermo, y suele transcurrir una fiebre con la derrota de una
enfermedad terminal.
3. El chico malo
Toda mujer, alguna vez en su vida, se enamoró de algún chico
malo, porque todas tenemos la fantasía de conquistar a algunos de estos
ejemplares para hacerlos cambiar de una vez y para siempre y auto proclamarnos
las únicas autoras del milagro. Los chicos malos son atractivos y lo saben, son
mujeriegos, pícaros, de excelente chamullo y expertos en técnicas de
seducción. Son amados u odiados
radicalmente dependiendo de la platea de la que estemos hablando, pero en
general, es el ídolo de sus amigos, es detestado por tus amigas, pero ovacionado
por el público femenino. A tus padres preferís no presentarlo porque ya sabés
lo que te dirán.
Mientras más demore en llamarte o menos bola te de, más te
gusta, y aunque juraste no darle pelota en el boliche, le pasás por el lado sabiendo
que te quedarás toda la noche con él. Mientras más pelo, mas tatuajes y mas piercings tenga, más te
calienta su presencia. Escucha rock y electrónica de acuerdo a la ocasión, nunca se lo ve con alguna mujer en
público porque prefiere la clandestinidad, y siempre que uno se lo encuentra parece
estar pasándola bien, y a vos te lo hace pasar de lo mejor.
Suele ser candidato a los excesos, como las drogas, el
alcohol o los negocios turbios, aristas de su personalidad que te cuesta
encajar en la versión de dandy que a vos primero te muestra, mientras que para
auto convencerte repetís en vos alta que tales acusaciones pueden no ser más
que rumores. Tiene siempre algún dolor en sus historias de vida desde el que
les justificamos todo, como una madre abandónica, la muerte sorpresiva de algún
hermano o haber sufrido de violencia doméstica, tragedias a las cuales les
adosamos la responsabilidad exclusiva de todos sus errores, con la esperanza
ciega de que después de tu oportunidad de amor incondicional, el chico malo
deje de serlo para ser “tu chico”, dejando la noche por el día, las minas por
la familia, y el chupi por las tareas domésticas, cambios casi siempre
imposibles pero que no vamos a dejar nunca de intentar.
4. El baboso
El baboso es considerado por las mujeres como uno de los más
repugnantes tipos de hombre que puedan vivir en la esfera de la tierra. El
baboso se detecta fácilmente, más por culpa de sus ridículos montajes de
disimulo más que por la falta de ellos. Se nace baboso, pero los años empeoran
la condición. El baboso no tiene rasgos físicos característicos, pero si por lo
general un gran complejo de superioridad de él y su pene, que lo hacen creer
merecer el trono en cada covacha que se le cruza, aunque él ya tenga la propia,
y sea, en la mayoría de los casos, mucho más que lo que merece.
Se viste y habla con aires de caballero, solo para aprovechar estar más
cerca del espectáculo de una mujer. Le tira a las mozas, a las chicas con las
que comparte la cola en el banco, a las amigas de sus amigas (a las que
desencaja sin saber si va en chiste o en serio), a las novias de sus amigos y a
las amigas de sus hermanas. El verano suele ser su estación preferida porque
hay mucha más piel al aire . Es quien provee a todo el grupo de whatsapp de sus
amigos con la programación porno al día, y no hay videito triple X que deje sin
ver. Mira con cara de caníbal a viejas y jóvenes por igual, aunque sus
objetivos acrediten la misma edad de su madre y la de su hija. Al baboso, cualquier Bondi le viene
bien para mirar el ir y venir de una mujer. Es el primero en darse cuenta que tal bajó o subió de peso y el primero en enterarse que fulanita se cambió las prótesis de las tetas por un talle más, de tanto memoria adquirida por admirar el producto.
Suele contar con un repertorio
modesto de piropos antiguos y moderados aptos para todo público, pero que en su
boca suenan más asquerosos que cualquier barbaridad que pueda decirte una
cuadrilla entera de una obra en construcción. Cuando se emborracha, queda en
total exposición su verdadera adicción al tiroteo, y suele pasar vergüenza en
casamientos y otros eventos sociales, por su verborragia cachonda dirigida
exclusivamente hacia cualquier papo que ande suelto y/o acompañado, mientras su
acompañante inicial, sea su mujer, novia o saliente, se convierte en el centro
de todas las compasiones de la jornada. Por su discapacidad manifiesta para el
compromiso, la fidelidad visual y de pensamiento, es de fácil manipulación y muy
apto para el chantaje.
5. El bohemio
El bohemio, a pesar de su olor a incienso, te enamora con su
tranquilidad, paz y forma de transcurrir el tiempo. Pero esas mismas razones
que te conquistaron serán las mismas por la que le darás una pata en el orto
unos meses después, sin arrepentirte jamás de la decisión. Para el bohemio, el
amor es un milagro, como el correr del agua en el río, el misterio de la vida y
el cantar de los pájaros. El bohemio canta, toca algún instrumento y escucha
música de los sesenta y la de autores indie de sellos independientes. Práctica
con convencimiento alguna religión, sobre todo de corte oriental. Come sano y
orgánico, llora cada vez que siente que debe hacerlo y prefiere la bici al auto
o el transporte público para evitar la contaminación.
En las primeras citas, te convoca a participar en eventos
por causas re copadas y comprometidas, como en la marcha de la gorra contra el
código de faltas, en la protesta a favor de la legalización del porro o en una
manifestación en contra de la erradicación de una empresa norteamericana, a
donde asistís feliz con tal de encontrarte con este churro al que sentís como
la reencarnación moderna y sexy del Che Guevara. Los manifestantes, todos como
él, continúan la dialéctica en alguna de las casas usurpadas en donde viven en
cordial comunidad, fumando lo que encuentran, y tomando agua y cerveza, únicas
bebidas que se permiten, porque la Coca es un producto del imperio enemigo y el
alcohol un símbolo de lujo burgués. Las tertulias continúan plácidamente y sin
urgencia en torno a como cambiar el mundo hasta la madrugada, cuando todos
duermen donde el sueño los encuentre, hasta que tipo tres de la tarde el galán
se despierta, para sin estrés y con la renovada convicción de no dejarse vencer
por el sistema, salir a vender alguna artesanía de su autoría.
A la hora del amor, busca una conexión física, química,
espiritual y cósmica, lo que suele ser muy atractivo en principio pero muy
complicado después, cuando te cuesta ordenar tantos factores para un simple y
llano polvo. Aunque su militancia anticapitalista y sus ideales ecológicos te
deslumbraron en un primer momento, cuando te invita de vacaciones al Bolsón a
dedo, solo bastan unos días de prueba para darte cuenta que ni que fuera la
reencarnación de John Lennon, vale la pena semejante sacrificio. Parten con no
más equipaje que su guitarra, un termo y una manta de cuadraditos de lana. Duermen
durante varias noches a la intemperie, comiendo de ollas populares de los otros
hippies. Mientras pasan los días y crecen los olores, en su pelo se van formando rastas
involuntarias por tanta mugre, porque entre sus preceptos irrenunciables está
el de no usar jabón o shampoo por ser contaminantes. Hasta que llega un punto
que aunque estés en la loma del Congo, no dudas en sentenciarlo con un “adiós
para siempre” y gastar todos tus
ahorros en el medio de transporte más urgente que te lleve hacia cualquier
ciudad cercana, cuando tus fantasías más profundas ya tomaron la forma de poder
comer un lomito completo en paz y poder ir a cagar a un baño decente.

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