lunes, 14 de septiembre de 2015

Galanes: sobre gustos no hay nada escrito (… o si, como esta clasificación) - (Entrega I de VI)


En este amplio y generoso mundo, hay hombres para todos los gustos, colores, tamaños, mambos, necesidades, complejos y  exigencias.
Aquí se intenta hacer un recorrido por alguno de las tantas y pintorescas variedades de este tan ecléctico mundo masculino, que nos roba sonrisas, carcajadas, lágrimas y suspiros, depende la ocasión.

1. El mejor amigo
Hay dos variedades para este género de hombre: el mejor amigo no deseado y el mejor amigo híper deseado.

El mejor amigo no deseado: Hay muchos tipos que nacieron con el porte para mejor amigo y morirán con ese karma. Son divinos, le caen bien a tu papá, nos hacen favores ridículos, siempre están dispuestos a rescatarnos, y racionalmente son el mejor partido que pudiéramos conseguir, pero por más de que lo intentemos y le demos vueltas al asunto, nunca nos van a gustar.
A ellos llamamos cuando estamos aburridas y con ganas de levantarnos el ego, cuando te dejaron plantada, cuando no tenés otro programa, y aunque sospeches que su intención excede la de la amistad, porque de vez en cuando lo insinúan, vos te hacés la que no entendés nada, y todo sigue como si nada. Para tu casamiento, justo se les pincha la goma del auto y no pueden acompañarte en tu gran día, aunque en tu interior lo agradeces, porque ya te había atacado el fantasma de que iba a hacer una escena, por primera vez en su vida, aunque ya fuera tarde. 

El mejor amigo híper deseado: Desde que lo viste estás enamorada de él y juraste que si no era para vos, al menos lo compartirías. Les encanta estar juntos y él te quiere a su manera, pero con hora de vencimiento, porque a la noche siempre tiene una cita mejor.  Lo llamás a las doce para su cumpleaños, le hacés la torta y le llevás los pantalones a que les hagan el ruedo. Conocés a toda su familia y los querés como propios, aunque hace ya años dejaron de verte como una candidata, más bien te consideran una especie de secretaria personal del galán .
Tenés mas que asumido que no te quiere para mujer, sin embargo priorizás a él sobre todas las cosas, a pesar de los consejos de tus amigas, que a gritos te piden le dés una patada en el culo al hombrecito déspota. Por tu constancia y poco amor propio, llegás a ser una amenaza para las novias que le van apareciendo, hasta que las muy hijas de puta te empiezan a ver como a una inofensiva hermanita menor, que es cuando por dignidad te replegás e intentás armarte una vida, o sobre todo conseguirte un novio, y cuando estás empezando a lograrlo, seguro te llama contándote que todo con la otra terminó. Y así pasan los años, y sin embargo vos seguís fantaseando con que algún día, cuando esté casado y vos ya tengas nietas, te va a citar en una café para decirte que vos siempre fuiste el amor de su vida, aunque haga quince años que no te lo cruzas por la calle.


2. El eslabón perdido

Casi un homo sapiens, este ejemplar nos arrastra a todas por su barbarie muy al estilo king kong, robándonos el aliento, la bombacha y hasta en algunos casos el corazón. El hombre tipo eslabón perdido tiene olor a hormona macho aunque se perfume de vez en cuando, siendo este el único exceso estético que por su hombría se permite. Cuando ya le molesta el largo de su pelo, irrumpe en cualquier peluquería que encuentra con la discreción de quien va a hacer algo que avergüenza, y sin cruzar más palabra que “cortame”, se pone en manos del peluquero sin importarle cual será el resultado final, porque el objetivo es sólo higiénico. El uso de cualquier otro elemento o servicio con finalidad estética, hasta mirarse en el espejo, lo siente como una traición a su virilidad.

Su vestuario se simplifica en remeras, camisas, pantalones y zapatillas, con algún traje que usa prolija y protocolarmente en alguna ocasión especial, y le queda tan bien que lamentamos no se lo ponga más seguido. Es grandote por lo general, rudo, simple y directo. Su universo se divide entre el trabajo, el fútbol, sus amigos y su novia/mujer/familia, siempre que no se superpongan, claro, porque tiene una seria limitación a enfocarse en dos asuntos al mismo tiempo, y no hay que pedirle mucho más que eso, porque todo el resto de las cosas le parecen un decorado. Suele tener una pancita de tanto festejo con amigos, pero eso lejos está de molestarle o inhibirlo; más bien luce su guata como una orgullosa cicatriz de tantos vinos y asados compartidos.

Su ser básico lo mantiene en las zonas más bajas de la pirámide de Maslow, por lo que para él los asuntos fundamentales de la vida se centrarán en la buena comida, el buen sueño y el buen sexo, y mientras tenga sus necesidad resueltas, será el hombre más feliz del universo.  Su alimentación se reduce a carne, pan, vino, cerveza, coca y fernet. Rústico como es, para el sexo tiene un talento especial, con una opción preferencial por las prácticas tradicionales, como se cogía antes y desde el comienzo del mundo: simple pero duro. Ante cualquier planteo sentimental, el eslabón perdido pondrá cara de “qué le pasa ahora”, aunque trate de disimularlo, porque no está ni psíquica ni psicológicamente capacitado para las complejidades sentimentales del mundo femenino. Su deseo más profundo es que no le rompan las pelotas y es bastante claro en comunicar su convicción.
Practica algún deporte con una seriedad de claustro, y su humor pasa factura cuando por alguna razón no puede jugar. Su intelecto suele anularse en parte los fines de semana y en algunas fechas de eventos especiales, de acuerdo al calendario deportivo que ofrezca la televisión, por lo que si tenemos algo importante que comunicarles o queremos gozar de su compañía, es preferible no contar con ellos durante el transcurso de algún partido o competencia, cualquiera sea la disciplina, porque el funcionamiento de sus neuronas se bloquea frente a la presencia de una pelota. Su conocimiento musical se simplifica a lo que se escucha en el boliche o a alguna banda de rock nacional cuyas letras después se adaptan para los cánticos de cancha. Les encanta hacer tareas manuales y mientras más pueda ensuciarse, engrasarse o  embarrarse, más satisfecho se siente en el cumplimiento de su deber. Pero toda la hombría que lo caracteriza se le desarma cuando está enfermo, y suele transcurrir una fiebre con la derrota de una enfermedad terminal.

3. El chico malo

Toda mujer, alguna vez en su vida, se enamoró de algún chico malo, porque todas tenemos la fantasía de conquistar a algunos de estos ejemplares para hacerlos cambiar de una vez y para siempre y auto proclamarnos las únicas autoras del milagro. Los chicos malos son atractivos y lo saben, son mujeriegos, pícaros, de excelente chamullo y expertos en técnicas de seducción.  Son amados u odiados radicalmente dependiendo de la platea de la que estemos hablando, pero en general, es el ídolo de sus amigos, es detestado por tus amigas, pero ovacionado por el público femenino. A tus padres preferís no presentarlo porque ya sabés lo que te dirán.

Mientras más demore en llamarte o menos bola te de, más te gusta, y aunque juraste no darle pelota en el boliche, le pasás por el lado sabiendo que te quedarás toda la noche con él.  Mientras más pelo, mas tatuajes y mas piercings tenga, más te calienta su presencia. Escucha rock y electrónica de acuerdo a la ocasión,  nunca se lo ve con alguna mujer en público porque prefiere la clandestinidad, y siempre que uno se lo encuentra parece estar pasándola bien, y a vos te lo hace pasar de lo mejor.
Suele ser candidato a los excesos, como las drogas, el alcohol o los negocios turbios, aristas de su personalidad que te cuesta encajar en la versión de dandy que a vos primero te muestra, mientras que para auto convencerte repetís en vos alta que tales acusaciones pueden no ser más que rumores. Tiene siempre algún dolor en sus historias de vida desde el que les justificamos todo, como una madre abandónica, la muerte sorpresiva de algún hermano o haber sufrido de violencia doméstica, tragedias a las cuales les adosamos la responsabilidad exclusiva de todos sus errores, con la esperanza ciega de que después de tu oportunidad de amor incondicional, el chico malo deje de serlo para ser “tu chico”, dejando la noche por el día, las minas por la familia, y el chupi por las tareas domésticas, cambios casi siempre imposibles pero que no vamos a dejar nunca de intentar.

4. El baboso

El baboso es considerado por las mujeres como uno de los más repugnantes tipos de hombre que puedan vivir en la esfera de la tierra. El baboso se detecta fácilmente, más por culpa de sus ridículos montajes de disimulo más que por la falta de ellos. Se nace baboso, pero los años empeoran la condición. El baboso no tiene rasgos físicos característicos, pero si por lo general un gran complejo de superioridad de él y su pene, que lo hacen creer merecer el trono en cada covacha que se le cruza, aunque él ya tenga la propia, y sea, en la mayoría de los casos, mucho más que lo que merece.

Se viste y habla con aires de caballero, solo para aprovechar estar más cerca del espectáculo de una mujer. Le tira a las mozas, a las chicas con las que comparte la cola en el banco, a las amigas de sus amigas (a las que desencaja sin saber si va en chiste o en serio), a las novias de sus amigos y a las amigas de sus hermanas. El verano suele ser su estación preferida porque hay mucha más piel al aire . Es quien provee a todo el grupo de whatsapp de sus amigos con la programación porno al día, y no hay videito triple X que deje sin ver. Mira con cara de caníbal a viejas y jóvenes por igual, aunque sus objetivos acrediten la misma edad de su madre y la de su hija.  Al baboso, cualquier Bondi le viene bien para mirar el ir y venir de una mujer. Es el primero en darse cuenta que tal bajó o subió de peso y el primero en enterarse que fulanita se cambió las prótesis de las tetas por un talle más, de tanto memoria adquirida por admirar el producto. 

Suele contar con un repertorio modesto de piropos antiguos y moderados aptos para todo público, pero que en su boca suenan más asquerosos que cualquier barbaridad que pueda decirte una cuadrilla entera de una obra en construcción. Cuando se emborracha, queda en total exposición su verdadera adicción al tiroteo, y suele pasar vergüenza en casamientos y otros eventos sociales, por su verborragia cachonda dirigida exclusivamente hacia cualquier papo que ande suelto y/o acompañado, mientras su acompañante inicial, sea su mujer, novia o saliente, se convierte en el centro de todas las compasiones de la jornada. Por su discapacidad manifiesta para el compromiso, la fidelidad visual y de pensamiento, es de fácil manipulación y muy apto para el chantaje.

5. El bohemio

El bohemio, a pesar de su olor a incienso, te enamora con su tranquilidad, paz y forma de transcurrir el tiempo. Pero esas mismas razones que te conquistaron serán las mismas por la que le darás una pata en el orto unos meses después, sin arrepentirte jamás de la decisión. Para el bohemio, el amor es un milagro, como el correr del agua en el río, el misterio de la vida y el cantar de los pájaros. El bohemio canta, toca algún instrumento y escucha música de los sesenta y la de autores indie de sellos independientes. Práctica con convencimiento alguna religión, sobre todo de corte oriental. Come sano y orgánico, llora cada vez que siente que debe hacerlo y prefiere la bici al auto o el transporte público para evitar la contaminación.

En las primeras citas, te convoca a participar en eventos por causas re copadas y comprometidas, como en la marcha de la gorra contra el código de faltas, en la protesta a favor de la legalización del porro o en una manifestación en contra de la erradicación de una empresa norteamericana, a donde asistís feliz con tal de encontrarte con este churro al que sentís como la reencarnación moderna y sexy del Che Guevara. Los manifestantes, todos como él, continúan la dialéctica en alguna de las casas usurpadas en donde viven en cordial comunidad, fumando lo que encuentran, y tomando agua y cerveza, únicas bebidas que se permiten, porque la Coca es un producto del imperio enemigo y el alcohol un símbolo de lujo burgués. Las tertulias continúan plácidamente y sin urgencia en torno a como cambiar el mundo hasta la madrugada, cuando todos duermen donde el sueño los encuentre, hasta que tipo tres de la tarde el galán se despierta, para sin estrés y con la renovada convicción de no dejarse vencer por el sistema, salir a vender alguna artesanía de su autoría.


A la hora del amor, busca una conexión física, química, espiritual y cósmica, lo que suele ser muy atractivo en principio pero muy complicado después, cuando te cuesta ordenar tantos factores para un simple y llano polvo. Aunque su militancia anticapitalista y sus ideales ecológicos te deslumbraron en un primer momento, cuando te invita de vacaciones al Bolsón a dedo, solo bastan unos días de prueba para darte cuenta que ni que fuera la reencarnación de John Lennon, vale la pena semejante sacrificio. Parten con no más equipaje que su guitarra, un termo y una manta de cuadraditos de lana. Duermen durante varias noches a la intemperie, comiendo de ollas populares de los otros hippies. Mientras pasan los días y crecen los olores,  en su pelo se van formando rastas involuntarias por tanta mugre, porque entre sus preceptos irrenunciables está el de no usar jabón o shampoo por ser contaminantes. Hasta que llega un punto que aunque estés en la loma del Congo, no dudas en sentenciarlo con un “adiós para siempre” y  gastar todos tus ahorros en el medio de transporte más urgente que te lleve hacia cualquier ciudad cercana, cuando tus fantasías más profundas ya tomaron la forma de poder comer un lomito completo en paz y poder ir a cagar a un baño decente.

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