lunes, 21 de septiembre de 2015

Galanes: sobre gustos no hay nada escrito (… o si, como esta clasificación) - (Entrega II de VI)

6. El castrador

Este tipo de hombre del cual sorprendentemente muchas mujeres se enamoran, comienza a tejer su poder primero con una caballerosidad extrema, digna de la época de las hadas y doncellas, lo que conquista a más de alguna desapercibida que pasa a sentirse de repente la reencarnación de alguna princesa europea del Siglo XV. Se pasa horas tratando de autoconvencerte que sos la mujer más linda que pisó este universo, lo que aceptás engreída por la sobredosis de alimentación que viene recibiendo tu autoestima, aunque todavía no podés explicar porque nadie vio lo mismo que a este hombre deslumbró en los treinta años que venís protagonizando tu existencia.

Te ahoga a regalos y hace realidad todos tus deseos y caprichos, lo que disfrutás con ánimo de niña sorprendida. Sospechás que te tratan con más cuidado y condescendencia que a la Virgen María, no dejándote hacer nada por vos misma: te llevan y te traen a todos lados con tal de que no te pongas en el masculino esfuerzo de manejar, el que amagues con pagar es tomado como una grave ofensa y cuando avanzan en la relación te confiesa que su sueño es trabajar incansablemente para que vos, su frágil mujer, no tenga que hacerle frente a las terribles adversidades del mundo moderno. Tales ofertas, más que atractivas para la agotada agenda de la mujer actual, que a simple lectura lejos están de ser negativas por sí mismas, se convierten en una trampa mortal, cuando un avance de las comodidades que ofrece el cortejador se traducen en limitaciones reales en la libertad de la enamorada.


Por tanta belleza irresistible que tu cuerpo refleja involuntariamente, sus celos comienzan a manifestarse y de repente ningún atuendo es adecuado para eclipsar semejante sublimidad que vos todavía no podés ver en el espejo: el jean te marca tu cola golosa, un short te deja al descubierto tus piernas “esculturales”, que el se cansa de decir que son iguales a las de algún cuadro renacentista (porque lejos están de mostrar la espigosidad de Dolores Barreiro), si te ponés la bikini, tu irresistible escote pareciera que fuera a interrumpir el normal desarrollo de una tarde de playa y fuera a aumentar el número de ahogados a causa de tal distracción.

Si este género de hombre es el elegido por una de tus amigas, una asistirá con horror a la cárcel que se irá construyendo alrededor de tu par, que pasó de ser una mina normal a ser tratada como el más frágil e inmaculado de los seres. Empiezan a retacearse las juntadas entre semana porque ella, como mujer hecha y derecha, se debe a su pareja y no puede ausentarse cuando él está presente. Olvidate de que te acompañe sola a algún lado, siempre tendrá que estar él, para que la lleve, le pague y decida por ella, mientras tu independiente amiga se irá desdibujando de a poco, hasta que un día común le dé una fuera de lo común patada a en el culo, lo que deseas que suceda con todas tus fuerzas, o hasta que su personalidad quede fundida con la de su macho alfa agotador y de esa amiga tan especial quede lamentablemente solo su recuerdo. 

7. El viejito hot

Generalmente profesor universitario de alguna carrera de índole artística, social o literaria, el viejito hot es una bomba que como el buen vino mejora con el tiempo, y los treinta años que te lleva, los suplanta con una labia socrática, una experiencia soberbia y un estilo sobrio, clásico y seguro, que deja a cualquier otro competidor a la altura de una caricatura. Salir con uno de estos expertos del vivir y del conquistar, puede por las mismas razones, arruinarte la vida o marcarte el horizonte de tus exigencias, porque después de haber sido el objeto de las distinciones de uno de estos ejemplares,  una aprende lo que es ser valorada como mujer, y difícil será encontrar un trato tan a la altura de semejantes mimos.

Suele ser soltero por convicción, aunque su historial acuse que siempre estuvo acompañado, sobre todo de mujeres más jóvenes. A pesar de ser honesto en lo poco que ofrece a largo plazo, su compañía es tan grata que bien que vale la pena perderse unos años de vida útil a su lado para disfrutar del momento.  Amante del buen vino y del buen comer, cada invitación a cenar es una orgía del gusto y del olfato, ya sea comiendo en algún estiloso restaurant o teniendo el lujo de ser la comensal exclusiva de sus dotes culinarios, los que ha perfeccionado a fuerza de años de vivir solo, de numerosos viajes y estadías por distintos lugares en el mundo, de interesantísimas amistades y de jugar con tácticas afrodisíacas en cada una de sus conquistas. En las charlas compartidas, una se siente cada vez más inteligente, porque como digno intelectual, el vicio de enseñar no se le cae ni cuando está durmiendo, mientras que una lo escucha embelesada con ganas de tomar apuntes, aprenderse la lección de memoria y cogérselo, todo al mismo tiempo.

Aunque no se caracteriza por su fidelidad, te hace sentir más única de lo que jamás te sentiste. Nunca deja a una mujer, porque su capacidad de amar parece ser infinita, por lo que más bien sus relaciones suelen terminarse a causa de una evolución en la mujer, que eternamente agradecida a su atención y enseñanzas, partirá a otros brazos a saciar otras necesidades, aunque parte de su corazón a él le pertenezca por siempre. Por eso, suele ser muy amigo de sus ex, quienes no dudan en frecuentarlo de vez en tanto para no olvidarse de él ni de otros placeres de la vida, que él les enseñó a saborear.  

8. El hombre mangina

Seguro alguna vez fuiste feliz porque una amiga se puso de novia, y compartías con ella esa alegría como propia, hasta que conociste la causa de su gozo: un “macho o menos”, de esos que gays o no, la gente confunde como tales, por actitud, vestimenta, tono de voz, peinado y hasta por sus gustos. No podés creer como tu amiga anda obnubilada con semejante balín, pero te sorprendés hasta defendiendo la sexualidad viril del mencionado, cuestionada por tantos rumores, sólo por proteger el honor de tu amiga, que se pasea de su mano con el orgullo de estar caminando con un chongo calibre Clint Eastwood en sus mejores papeles del lejano oeste, aunque la gente no vea más que una mariposa aleteando a su lado. Para colmo de las sospechas, tu amiga contenta te cuenta que para él el sexo no es importante, por lo que ambos viven su amor como novios de doce aunque ambos estén pasando los primeros treinta, lo que ella lee como una excepción respetuosa a tanto bestia que quiere llevarla a la cama antes de aprenderle el nombre.

Está siempre mejor peinados que una, se depila las cejas con una precisión quirúrgica envidiable, cuida la cintura y sus abdominales con una voluntad espartana, le fascinan los musicales y aprende todas sus letras de memoria con una facilidad sorprendente. Cuando van al cine, tu amiga y su compañero eligen siempre películas de amor unánimemente, y si les toca una triste, salen los dos llorando a moco tendido y abrazados como medusas. Sabe los nombres de todas los actores, actrices y modelos en boga de la farándula, y hasta reconoce la marca de un atuendo, aún sin mirar la marca (y que ya identifiquen la marca es toda una osadía).  Sus jeans son tan ajustados que cada vez que lo ves sufrís pensando en su miembro estrangulado. En las reuniones sociales mixtas, se le pega a tu amiga con una melosidad tímida, y siempre prefiere estar rodeado de mujeres, donde suelta su lengua ágil y amena, que se ralentiza y acartona cuando aparecen tu novio y los novios de tus amigas y vuelven a sus monotemas básicos de fútbol, truco, y política, sobre todo cuando están borrachos.

Cuando se acaba su relación, porque él le dijo “no sos vos, soy yo”,  tu amiga llora la pérdida con un duelo tajante por semejante historia de complicidad y romanticismo rosa chicle, aún sin sospechar que lo que tuvo fue más bien una mejor amiga que un amante. Tan profunda aflicción se acaba solamente cuando, a pesar de los años, ella se entera que finalmente el fulanito salió del closet, ante la expectativa de toda la tribuna, con excepción de la propia, que no puede creer como no lo vio venir, y sorpresivamente pasa a repudiarlo con toda su fuerza vital, lo que vos y nadie entiende después de tanta obsesión ciega por sus suaves y amaneradamente obvias maneras.

9. El “sí mi amor”

Toda mujer deseó alguna vez en su vida un hombre “sí mi amor”. Un tipo casi a lo “Juanita” de Doña Petrona o como el genio de la lámpara de Aladino, el cual hiciera realidad nuestros anhelos inmediatamente y sin chistar. ¿Quién no soñó con ser amada por una versión humana y masculina de Robotina que diera corporeidad a todos nuestros deseos, sin la necesidad de negociación, sin esperas infructuosas ni quejas por la labor encomendada? La fantasía suele ser recurrente en la agotada psiquis de la mujer moderna y frente a los muy instalados egoísmo y holgazanería masculina, y suele ser el prototipo perfecto de hombre apto para toda la vida de muchas mujeres, quienes vivirán felices con este “Jaime” al quien le pedirán naranjas cada vez que se les antoje hasta que la muerte los separe, y sea hora de buscarles un reemplazo .

Sin embargo, como decimos que sobre gustos reina la diversidad, hay otro tipo de mujeres que desean sólo idealmente este tipo de hombre servicial hacia el absurdo, hasta que viven en carne propia la aburrida dictadura de un “sí mi amor”, cuando mandan al empalagante galán al coño, con tal de sacarse de encima semejante falta de personalidad y tremendo exceso de cordialidad.

Cuando comenzás a salir con un “sí mi amor”, todo fluye como el agua, porque en vez de conversar sobre a que programa ir o a quien visitar, cordialmente él te delega toda la toma de decisiones, hasta lo que él se pondrá, lo que ves como un caballeroso y generoso gesto inicial. Las mujeres más intolerantes con este estereotipo, al tiempo de frecuentarlos, indefectiblemente empiezan a tener la sensación de que están solas aunque anden acompañada, porque sólo van a ver las películas que ellas quieren, comen en los restaurantes que ellas elijen y terminan haciendo lo que se les canta la gana sin ni siquiera darles participación al preguntarles. Las peleas empiezan cuando vos querés torcer la toma de decisiones con una pregunta como “¿que hacemos hoy?”, esperando cualquier otra respuesta menos “lo que vos quieras”, que es obviamente lo que escuchás, lo que te lleva a pelearte por su falta de iniciativa, a lo que te responde con un “tenés razón”, que a esta altura tampoco querés aceptar con tal que una vez en la vida te lleve la contra.

Aunque es gratificante contar con un servicio de limpieza, de albañilería, de psicólogo, masajes y satisfacción a domicilio, hay veces que estas mujeres, muy al estilo gata flora, a pesar de que tienen todo lo que anhelaron de un hombre en la vida, que es “que haga caso y sin chistar”, tienen la necesidad de que alguna decisión pase por la cabeza y la espalda del otro, hartas ya en decidir en que se invierte el dinero, que se come cada día y hasta donde se irán de vacaciones. El problema surge cuando se dan con la novedad que por tanta falta de ejercicio en la resolución de cuestiones cotidianas, estos hombres han quedado discapacitados para el uso del libre albedrío y andan como bola sin manija con un stress mayúsculo cada vez que tienen la opción de elegir entre una y otra variante, a lo que serán eternos dominados de unas mujeres cada vez más brujas y dictadoras, que tampoco serán felices a pesar de tanto exceso de poder, porque alguna vez en la vida ellas también quieren estar en la cómoda posición de poder confiar en la decisión del otro.

10. El trabajólico

El trabajólico nos conquista por su eficiencia, por su profesionalidad y seguramente por sus grandes responsabilidades, o al menos, por esa aura que le emana que hace verlo tan fundamental para su empresa o negocio, otorgándole un rasgo de superhéroe que cotiza ante cualquier mujer. Siempre ocupado, al comienzo de la relación, aunque nosotras tengamos su misma posición laboral,  tenemos la extraña sensación que cada rato compartido con él, está perdiendo plata, y tomamos el que eso no les importe como un halago.

Prefiere vestir de traje si lo amerita la industria en la que desempeña, sino se vestirá informalmente, pero nunca descuidando la distinción y por supuesto, con marcas que declaren su alto estándar. Cuando uno de estos hombres fija en vos la mirada y el corazón, una cae en la tentación de renunciar a todos los ideales feministas propios y de tantas generaciones anteriores, y fantasea, aunque no necesariamente con dejar de trabajar, al menos con descansar un poco en su generoso colchón económico, y tener de pronto tiempo para poder hacer tal o cual curso, o poder disponer de dos tardes para hacer yoga o empezar pintura, hobbies que venís posponiendo desde los quince, antes por falta de recursos y hoy por falta de tiempo.


Y aunque el futuro sea bastante prometedor en cuestión de comodidades, una al fin y al cabo no es lo único que valora, y  no tardan en aparecer los vicios que arrastra semejante compromiso real con el mundo laboral, el que no deja espacio para otras vinculaciones de otro estilo, como las sentimentales, y ni que decir las familiares.  Lo que al principio eran amenos y distendidos encuentros, ya por cotidianos fueron invadidos por el celular, al que se cuidaba de no atender cuando estaban en “sus momentos”,  pero que ahora responde a toda hora y lugar, como si todo el equilibrio de Wall Street dependiera de su respuesta. Por ahí, te descubrís coordinando algún compromiso con su secretaria, porque su agenda es tan abultada e intensa que, para evitar problemas, no quiere decirte que sí te puede acompañar al casamiento de tu mejor amiga sin el previo chequeo de su calendario.  Las vacaciones son casi mala palabra, salvo que puedan ir a un lugar con infraestructura para conexión 3G, porque a pesar de tener los fondos para costearse unos meses en la isla más exclusiva del sudeste asiático, el exigido ejecutivo no puede darse el proletario lujo de un día libre, entre otras limitaciones, problemas que se agudizan si llegan los hijos .  

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