Los mitos de belleza
La biblioteca para la
belleza de nuestras abuelas y a veces madres tiene mucho de superstición
también. En cuestiones capilares, por ejemplo, alguna vez habremos escuchado
que todas las noches debemos cepillar nuestra cabellera, cien veces afirman
algunas señoras, para fortalecer el pelo y sacarle brillo. También
muchas sostienen que solo hay que cortarse cuando hay luna llena para
que el cabello crezca más fuerte. Si te sale una cana, no quedaría otra que
joderse, porque sacártela es sinónimo de que te salgan siete más.
Para adelgazar, las buenas lenguas dicen que cuando
hacés dieta, no podés pensar en comida, porque aunque te cagues de hambre
engordás igual y otras opinan que los productos light engordan el doble.
Enojarte, te arrugaría más que cualquier otro sentimiento y correr, comer,
tomar anticonceptivos, estar, existir y vivir, te sacaría celulitis. Con
respecto a este gran problema, las señoras entradas en años argumentan que toda
mujer tiene celulitis, y vos bien sabés que no es así, que las pendex de doce vienen
con lomo de calendario de gomería sin ningún esfuerzo, por lo que puteas por
haber nacido en la última generación con este mal de la piel de durazno, a la
cual tu generación y las anteriores siguen combatiendo ilusamente, con doce
litros de agua por día, carísimas cremas, complicadísimos tratamientos y
asfixiantes ejercicios, sin obtener el más mínimo resultado, pero con una fe
profética y una voluntad invencible, porque es preferible seguir creyendo en el
mito de que la celulitis es curable, que morirse de depresión ante la certeza,
de que cada día que pasa, los pozos de tu cola estarán peor .
Supersticiones para la buena suerte, buenos augurios y algo de brujería
Las supersticiones, están hoy tan presentes en nuestra cultura como siempre. La palabra “superstitio”, de origen latino, figura en el diccionario como una creencia “extraña a la fe religiosa y contraria a la razón”. Y tenemos en este sentido creencias para todos los usos y situaciones. Para atraer la suerte, allá vamos todas comprando bombachas rosas para estrenar en año nuevo, y dependiendo del año, regalás miles de chabombas a tu madre, hermanas, cuñadas y amigas, y no te comprás para vos, convencida que el cosmos, en su poder de ordenar y equilibrar todas las cosas, va a devolverte de algún lado alguna de las tantas tangas que por gusto repartiste entre la humanidad, pero otra vez, esta ley natural falló. Y así te encontrás el 31 de diciembre a las 21 hs sin calzón para estrenar, lo que te da un terror de pánico el comenzar el año sin tu lencería talismán, y por miedo a causar un daño irreparable en la energía del año que se avecina, por llevar la ropa interior equivocada, preferís salir en cheicon, para al menos minimizar las consecuencias de la ausencia de la braga rosa. Transcurrís el festejo y unos días después con una sensación inusitada de desprotección, hasta que te cercioras que más o menos el año sigue su ritmo natural de buenas y malas, como la vida misma, y te olvidás del asunto, hasta que llega diciembre siguiente y apenas ves alguna bombacha del color indicado en alguna vidriera, te comprás merecidamente tu ejemplar, para evitar el descuido del año anterior. Pero justo ese diciembre es cuando te regalan un tsunami de calzones rosas, transformando tu cajón de bombachas en el cajón de bombachas de la Barbie, porque todo lo que se asoma es rosa, color que detestás y que solo usas por cábala una vez al año.






