11. La amiga médica
Con o sin título oficial que la avale, porque a veces no
estudio medicina o enfermería sino que es la mujer de un médico o visitador
médico, una madre muy
experimentada por la casuística familiar, una hipocondríaca orgullosa, o una
simple y muy talentosa autodidacta, la amiga médica va a ser consultada por
todas sus amigas, sus hijos y los hijos de sus amigas, sobre que tomar para
librarse de tal o cual virus o sobre que dieta seguir en caso de indigestión. Se toma su
tarea tan a pecho, que se niega a apagar el teléfono por las noches, no vaya a
ser caso de que algún enfermo la solicite.
En su heladera puede faltar la leche, el queso o algún otro
básico, pero jamás su botiquín andará desprovisto de algún medicamento presente
en todo vademecum respetable.
Cuando viaja, lo primero que prepara es el “bolsito de los remedios”, un
bulto con entidad propia y peso considerable, al que lamenta tener que
despachar a bodega después de las restricciones impuestas al líquido y otras
sustancias medicinales en los aeropuertos internacionales después del 11 de
septiembre, y sobre el que todos sus acompañantes descansan, porque si ella
viaja, no faltarán los trucos para recuperar la salud.
En su cartera lleva siempre pequeñas dosis tamaño muestra
gratis de su botiquín básico, el que también incluye los rubros dermatológico y
psiquiátrico, porque siempre está lista para ofrecer antídotos inmediatos
frente a cualquier dolencia, a donde quiera que vaya, así sea a la esquina.
Es asombrosa su memoria para retener y repetir nombres de
remedios, en versión genérica y por nombre comercial, como la posología
indicada y sus efectos secundarios. Le encanta escuchar síntomas y teorizar
sobre posibles diagnósticos, para luego darte con el medicamento o tratamiento
indicado. Conoce toda la nómina de médicos de los principales hospitales de su
ciudad, y hasta puede reseñarte una opinión de cada uno de ellos. A veces está
tan segura de sus conocimientos que hasta suelen rivalizar teórica e imaginariamente
con algún médico oficial, proponiendo alternativas diferentes a lo recomendado por el profesional.
Si la amiga médica es además una profesional de la salud con
licencia, de igual manera la verás haciendo recetas para comprar pociones
analgésicas contra el herpe bucal aunque su especialidad fuera la urología, o firmando
órdenes de masajes para solicitar cobertura a tu obra social aunque su rubro sea
el oftalmológico. A ella la llaman tus hijos a las once de la noche de un
domingo para que complete la ficha médica del colegio por ser el día siguiente
el último día hábil en que podían entregarla.
12. La amiga obsesiva
de su cuerpo
La querés mucho así como es, pero salir a comer con ella es
un verdadero bajón. Su lista de restaurantes donde puede encontrar alimentos
aptos para su rutina a dieta es tan reducida como las calorías que consume, y
aunque varias veces la convenciste y te acompañó a algún comedor como la gente,
al final vos fuiste la que te arrepentiste siempre, como esa noche de invierno
ideal para comerse todo, en la que te bajaste una lasagna casera y media con dos
botellas de vino tinto, mientras su lánguida silueta hacía sombra comiendo una
hoja de lechuga y tomando agua con limón.
Tampoco es recomendable que ella haga el pedido de delivery, porque todo
el grupo se morirá de hambre. Aunque
no creamos que sea verás, ella dice que no le gusta el pan, las pizzas, el lomito, ni las hamburguesas, por lo
que si el programa es juntarse a comer en un casa, ella caerá con su vianda de
atún y un tomate. En su alimentación, prioriza todo tipo de semillas, hojas
verdes y jaleas reconstructivas.







